Resumen de un gran 2018

Queridos Amig@s,

Nos hemos despedido ya del 2018 y damos la bienvenida a 2019 con mucha ilusión y ganas de continuar celebrando lo que sin duda es un hito y una realidad histórica, a la espera de su reconocimiento oficial.

Recordando el 2018, agradecemos muy especialmente la participación de los ponentes: José Javier Esparza que, con su conferencia el 21 de Julio, «MENA, LOS PIONEROS DE ESPAÑA» abrió los actos que anualmente organiza la Asociación. Continuo Carlos Vara Thorbeck con una magistral clase de «LAS NAVAS DE TOLOSA» y concluyó Txomin Etxebarria Mirones con un tema que «toca» mucho a los meneses actuales «LA CALZADA ROMANA DE MENA».
Agradecemos la acogida y la participación de todos los Amigos que un año mas compartieron tanto la celebración de la festividad de San Emeterio y San Celedonio como el «Déa del nombre de Castilla».

Os transcribimos el Pregon de este año ya pasado, redactado por nuestro Amigo y miembro de la Asociación Juan Luis Garcia Muñoz:

PREGON 2018

Buenos días a todos, con nuestras primeras palabras, la Asociación de Amigos del Monasterio de Tranco queremos agradecer la asistencia a todos los aquí presentes.
El motivo de esta celebración, como la mayoría ya conocéis, es conmemorar la fundación hace nada más y nada menos que 1218 años en este mismo lugar del Monasterio de Taranco, en cuya escritura de fundación, datada el día 15 de septiembre del año 800, el abad Vítulo y sus compañeros por primera vez en la historia, escribieron el nombre de “Castilla”.

Traducido así quedó consignado:

“ En el nombre del Señor, yo el abad Vítulo, aunque indigno siervo de todos los siervos de Dios, juntamente con mi hermano el presbítero Ervigio (nos ofrecemos) a nuestros señores y patronos San Emeterio y San Celedonio, en honor de los cuales, yo, el abad Vítulo, y mi hermano Ervigio, hemos construido con nuestras manos, desde sus cimientos, una iglesia en un lugar que se llama Taranco, en territorio menes, y a San Martín , bajo cuya advocación hemos fundado una iglesiaen la Ciudad de Area Patriniani, en territorio de Castilla, y a San Esteban, cuya basílica hemos fundado con nuestras manos en un lugar que se llama Burceña, en territorio menés…”

1218 años son muchos años, pero en términos humanos no son muchos si los comparamos con ejemplos de la propia provincia de Burgos, en la Sierra de Atapuerca, donde existen evidencias de población de más de un millón quinientos mil años. Esto nos da una idea de la fugacidad del tiempo, de que la fundación del abad Vítulo hace 1218 años, realmente es muy reciente, en este momento casi nos podríamos dar la vuelta, y verlos efectuar los rituales de posesión, fundación y demás.

Por otro lado queremos señalar, que en el documento de fundación que hemos citado al principio de estas palabras, se cita por primera vez el nombre de “Castilla”, que en parte constituye el motivo de esta conmemoración, pero precisamente para evidenciar que ese 15 de septiembre del año 800, el Valle de Mena, la Tierra de Mena, o como se indica, Territorio Mene o Mainense, no era Castilla “ Territorio Castelle”, pues Castilla era un territorio limítrofe, y lo sabemos gracias al afán de delimitar la situación de otras posesiones del abad, el 15 de septiembre del año 800 no se funda Castilla, esta ya existía con anterioridad, y si ahora mismo mediante una imaginaria máquina del tiempo, pudiésemos trasladarnos a este lugar en esa fecha, nos encontraríamos fuera de Castilla. Mena todavía tardaría tiempo en ser integrada junto con otros territorios en el germen de lo que en el futuro sería primero condado, y posteriormente reino de Castilla.
Mena estuvo vinculada a las Encartaciones, y a la costa de Castilla, que con el tiempo dio lugar al Corregimiento de las Cuatro Villas de la Costa de la Mar de Castilla, como pervivencia secular de su pertenencia al Reino de Asturias.

Ese año 800 podemos imaginarnos un territorio mainense mucho más boscoso e impenetrable que lo que es actualmente, de ahí la necesidad de roturar tierras, extraer madera y otros aprovechamientos de los montes, como es el caso del propio monte del monasterio, lo cual les era imprescindible para sobrevivir.
No solamente no tenían ni remotamente las comodidades que hoy en día disfrutamos, sino que a ello se añadía la incertidumbre sobre el futuro, no olvidemos que se hallaban en guerra contra un poder inmenso y muy organizado, en ejércitos numerosos y bien pertrechados, y a ellos se oponían estas valientes gentes, que conformaban la barrera de defensa oriental del Reino de Asturias, gobernado en ese momento por Alfonso II, apodado el Casto, en cualquier momento tenían que interrumpir sus trabajos, echar mano de sus armas, herramientas, o de cualquier otro elemento que les sirviera, y correr a la defensa, expuestos a morir, y con ello dejar desamparada a su familia y dependientes, o a ser convertidos en esclavos, vivían en una permanente alarma.

Por todo ello, tenemos que imaginarnos a un abad muy diferente de la idea que ha sido extendida, menos religioso que guerrero, en la línea de la tradición reconocida de esta tierra de abadías legas, ya reconocida en plena Edad Media, y por cierto, la cual se ha ignorado repetidamente.

Esta obligación de defensa, fue la misma que posteriormente fue origen de una clase de nobleza conocida como hidalguía, tan extendida en esta tierra, en la cual muy posteriormente todos sus habitantes fueron reconocidos por tales, y cuyo preciso fundamento era, que puesto que ellos se arriesgaban a morir en defensa de la comunidad, a diferencia de los que no lo hacían, era justo que en compensación obtuvieran privilegios.

Así pues, desde esta tribuna, a través de los siglos, un año más queremos recordar y agradecer su esfuerzo y sacrificio junto al de otros como ellos, para defender no solo los territorios libres de España, sino a toda Europa, y gracias a ello, podemos actualmente disfrutar de libertad, y en definitiva de lo que hoy en día llamamos cultura occidental, por lo que os rogamos levantéis al unísono y gritéis conmigo ¡¡ VIVA TARANCO!! ¡¡VIVA MENA!! ¡¡VIVA CASTILLA!!
Juan Luis García

Hace mil doscientos catorce años…

 

Artículo extraído de blogs.burgosconecta.es

 

No, no nos referimos al comienzo de “Star Wars”, ni ocurrió en una Galaxia, muy, muy lejana… Hoy quiero recordar que el 15 de septiembre del año 800 (hace, por tanto, 1214 años) aparece la primera referencia escrita conocida de la palabra “Castilla”, y ocurrió muy cerca –geográficamente- de nosotros, en la diminuta localidad de Taranco, en el sugerente Valle de Mena.

Recordamos por tanto un documento escrito, el Acta Fundacional del Monasterio de Taranco de Mena, bajo la advocación de los santos Emeterio y Celedonio, realizada por el Abad Vítulo y el presbítero Ervigio, según recoge el notario Lope, el 15 de septiembre del año 800. Este documento cita, según hoy conocemos, por vez primera, la palabra “Castilla”, dentro de los primeros momentos de la repoblación altomedieval de la primigenia Castilla, aludiendo a la donación de unos terrenos “in territorio Castelle”.

La fundación se efectuó en un angosto valle, en el paradisíaco entorno menés, al pie de un monte que, doce siglos más tarde, continúa llamándose “Monte Monasterio”. Una torre sobre el mismo permitía vigilar las amenazas tan frecuentes en aquellos atribulados años, y los monjes de aquel ascendente recinto cenobial, fueron dando acogida a un creciente número de peregrinos que siguiendo el “Viejo Camino”, muy anterior al popular Camino Francés que hoy conocemos, se dirigían hacia Compostela. Este recoleto monasterio, orbitó la mayor parte de su historia en torno a San Millán de la Cogolla y decae su esplendor, quedando reducido prácticamente a la nada, en la Desamortización de Mendizábal, a mediados del siglo XIX. En el último tercio del siglo XX, sus bóvedas se derrumban, y entre escombros y maleza, perviven a duras penas los restos de su modesta iglesia.

Y hubiera desaparecido hasta su recuerdo, quedando como una exótica reliquia para investigadores especializados y ratones de biblioteca, de no ser por el tesón de José Bustamante, un abogado burgalés residente en Bilbao, desgraciadamente ya fallecido, que junto a sus compañeros de promoción de la Universidad de Deusto, impulsó en 1990 la constitución de la Asociación de Amigos del Monasterio de Taranco-Valle de Mena, con el declarado objetivo de restaurar el primitivo monasterio y recuperar la memoria de los significativos hechos que allí se produjeron.

Prácticamente sin ayudas oficiales, como casi siempre ocurre en esta tierra, la tenacidad de este pionero grupo, abordó con éxito la restauración del Monasterio, la colocación de un monumento rememorativo, el desarrollo de un programa cultural vinculado al recinto, y la celebración de Actos Conmemorativos, cada domingo anterior al 15 de septiembre, en los verdes prados de Taranco de Mena.

He tenido la fortuna de haber estado presente en estos actos de Taranco de Mena en muchas ocasiones, y de haberme emocionado releyendo, en el monumento allí emplazado, aquellas palabras donde aparece el término “Castilla” escrito por primera vez, y no dejo de indignarme cada año ante el abandono en que todas nuestras instituciones mantienen tanto este simbólico lugar, como lo que significa.

No hay que tener demasiada imaginación para sospechar que si un lugar similar, donde hace más de 1200 años se hubiesen escrito por vez primera las palabras “Euskadi” o “Catalunya”, existiera (Cataluña, aparece por vez primera en un documento italiano del siglo XII, mientras que Euskadi es un neologismo creado por Sabino Arana en el siglo XIX), sería objeto de veneración y estudio por sus respectivas comunidades. Pero Castilla es diferente, así, en nuestra tierra, la Junta de Castilla y León no recoge en sus materiales escolares ni esta fecha, ni este lugar, ni su significado, ni su importancia, y por supuesto, no proporciona ayuda alguna a las celebraciones que en Taranco de Mena se desarrollan cada año, algo en que es imitado por la Diputación de Burgos y por el Ayuntamiento de Valle de Mena, que evitan estar allí representados.

Así, el lugar donde nació el término “Castilla” adormece entre la traición de sus instituciones y el olvido de sus ciudadanos; algo similar a lo que le ocurre al Monasterio de San Pedro de Arlanza, cuna de la Castilla Condal de Fernán González, que sigue esperando la tan prometida restauración por parte de la Junta de Castilla y León, o a la Colegiata de Valpuesta, origen de los Cartularios donde aparecen las primeras palabras escritas en lengua castellana. Todos ellos muestra de la incuria con que en Castilla se trata a su historia, a su patrimonio, a su cultura, a su identidad…

No sé este domingo 14 de Septiembre cuánta gente se acercará a Taranco de Mena, algunos años hemos sido más de doscientos, otros unas pocas docenas, pero haré todo lo posible por estar presente junto a las piedras de este milenario monasterio, que tantas cosas parecen intentar decirnos, paladeando el verdor más intenso que en septiembre se puede disfrutar en Castilla, brindando con una copa del clandestino “chacolí castellano”, y sorprendiéndome una vez más ante las inigualables vistas que el Santuario de Cantonad ofrece. Compartiendo risas y conversaciones que no solo nos hablan nostálgicamente de los orígenes de Castilla, sino que abordan temas de tanta actualidad como la amenaza de la fractura hidráulica sobre tan incomparables paisajes, de los jóvenes que se marchan a estudiar a Bilbao y nunca más vuelven, de las decenas de pedanías que corren el riesgo de desaparecer administrativamente este mismo diciembre, de lo lejos que están para estas gentes las administraciones de Burgos o Valladolid, de las pésimas carreteras, del abandono de los consultorios médicos, del agua de Ordunte y el Cerneja que marcha para Bilbao…. y es que, como nos recordaba hace muchos años José Antonio Labordeta: “desde tiempos a esta parte, vamos camino de nada”. El cantautor pensaba en Aragón, pero en Castilla pasa lo mismo.